neurología general·Psicogeriatría y NP

Entre 300.000 y 600.000 personas en nuestro país sufren dolor neuropático

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17 de octubre: Día Mundial contra el Dolor

  • Un 6% de las familias españolas pueden tener alguno de sus miembros con alguna forma de dolor neuropático.
  • Un 40-70% de los pacientes con dolor neuropático aún no han conseguido un control completo del dolor.
  • El cuadro de dolor neuropático dura más de 12 meses en más del 65% de los pacientes. 
  • La prevalencia del dolor crónico –entre el que se incluiría el dolor neuropático- podría llegar al 11% de la población y un 47% de estos pacientes padecen dolor diariamente.

 

15 de octubre de 2015.- Este sábado, 17 de octubre, se conmemora el Día Mundial contra el Dolor. Dentro de los diferentes tipos de dolor el más complicado de comprender y controlar es el dolor neuropatico, un síntoma propio de múltiples enfermedades neurológicas, dado que engloba diferentes etiologías, mecanismos fisiopatológicos y manifestaciones clínicas.

La Sociedad Española de Neurología (SEN) estima que la prevalencia del dolor neuropático se situaría entre un 0,6 y un 1,5% de la población –a pesar de que algunas fuentes señalan que podrá ascender al 8%- , lo que significa que entre 300.000 y 600.000 personas en nuestro país sufren esa dolencia y que un 6% de las familias españolas pueden tener alguno de sus miembros con alguna forma de dolor neuropático.

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“El dolor neuropático se define como un dolor iniciado o causado por una lesión o disfunción del sistema nervioso y como un síntoma que puede ocurrir en diversas enfermedades del sistema nervioso central o periférico”, explica el Dr. José María Gómez Argüelles, Coordinador del Grupo de Estudio de Dolor Neuropático de la Sociedad Española de Neurología. “Se trata, además, de un dolor que con frecuencia es difícil de abordar porque su tratamiento es diferente al del dolor nociceptivo, ya que no responde a analgésicos convencionales ni a antiinflamatorios”.

Aunque en la actualidad se dispone de diferentes tratamientos para el dolor neuropático, lo que permite que aproximadamente el 50% de los pacientes consiga reducir en casi un 30-40% su dolor, en muchas ocasiones estos pacientes son refractarios, lo que hace necesario seguir investigando en nuevos tratamientos o probando otros ya existentes que, por su utilidad en otras patologías, podrían ser eficaces. Actualmente se estima que entre un 40-70% de los pacientes con dolor neuropático aún no han conseguido un control completo del dolor.

“Siempre que sea posible, el abordaje terapéutico deberá ser multidisciplinar, el cual incluye no sólo el tratamiento farmacológico, sino también fisioterapia, tratamiento psicológico u otras modalidades terapéuticas”, señala el Dr. José María Gómez Argüelles. “Lo que está claro es que se hace necesario seguir dedicando recursos para luchar contra esta forma de dolor crónico que produce un importante menoscabo en la calidad de vida de los pacientes y que, sin embargo, y según apuntan diversos estudios, en muchas ocasiones éstos no reciben un diagnóstico ni un tratamiento terapéutico adecuado”.

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Teniendo en cuenta que el cuadro de dolor neuropático dura más de 12 meses en más del 65% de los pacientes no es de extrañar que el 85% de los pacientes presenten un deterioro significativo en su calidad de vida.  Además, se asocia de forma muy frecuente a la ansiedad (63%) y a la depresión (56%) y motiva una alta demanda de consultas médicas.

“Aunque en los últimos años han surgido iniciativas para estudiar con profundidad la etiopatogenia y la fisiopatología del dolor neuropático, todavía quedan diversos aspectos sobre los que también se debería investigar: es necesario obtener datos más fiables sobre su epidemiología, estudiar con mayor profundidad la efectividad de los tratamientos actuales, o cuantificar el gasto socio-sanitario de esta dolencia, lo que sin duda nos permitiría estar mejor preparados para abordar mejor la lucha contra el dolor neuropático. Sobre todo si tenemos en cuenta que su incidencia crece cada año como consecuencia del aumento de la expectativa de vida y de otras enfermedades que lo provocan”, destaca el Dr. José María Gómez Argüelles.

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El silencio es el templo donde el sabio medita...: Te quiero como el mar quiere a los ríos, como el ave a la rama como la nube al aire, y como el cuerpo al alma. Te quiero como el sol quiere a la luz, como el fuego a la llama, la lluvia a la tierr. Te quiero como el bien quiere a la vida, como a la fuente el agua, la caricia a la piel, y a la voz la palabra. Te quiero como nunca se quisieron el dolor y la lágrima, la armonía y la música, la torre y la campana, la rosa y el jardín, la penumbr...

“El silencio es el templo donde el sabio medita…: Te quiero como el mar quiere a los ríos, como el ave a la rama como la nube al aire, y como el cuerpo al alma. Te quiero como el sol quiere a la luz, como el fuego a la llama, la lluvia a la tierra. Te quiero como el bien quiere a la vida, como a la fuente el agua, la caricia a la piel, y a la voz la palabra. Te quiero como nunca se quisieron el dolor y la lágrima, la armonía y la música, la torre y la campana, la rosa y el jardín, la penumbra y…”

“ANÓNIMO”.

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En España, el 8% de los pacientes que acuden al neurólogo  sufren dolor neuropático y actualmente es octavo diagnóstico neurológico en orden de frecuencia. La prevalencia del dolor crónico –entre el que se incluiría el dolor neuropático- podría llegar al 11% de la población y un 47% de estos pacientes padecen dolor diariamente.

Fuente:
Alma/Corazón/Vida·ANSIEDAD/ESTRÉS·antidepresivo·neurología general

LAS VÍAS CEREBRALES DEL MIEDO Y DE LA RECOMPENSA ESTÁN ENTRELAZADAS

Psiquiatria.com

AREAS TEMATICAS

PSICOGERIATRÍA Y NP / NEUROLOGÍA GENERAL

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5 abril, 2015

Fuente: Nature
Referencia: Volumen 520, número , página(s) 675–678
Fecha: Abril 2015

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Las emociones de miedo y de recompensa están muy entrelazadas, según un estudio con ratones. Hay una ‘encrucijada’ emocional en el cerebro, en la cual las conexiones pueden viajar a un centro de miedo o a uno de recompensa. Así lo han descubierto científicos de los Institutos Nacionales de Salud estadounidenses.

Los neurocientíficos han descubierto los circuitos del cerebro que codifican asociaciones aprendidas positivas y negativas en los ratones. Tras descubrir que dos circuitos mostraban actividad opuesta tras aprender el miedo y la recompensa, los investigadores demostraron que esta actividad divergente provoca conductas de evasión o de recompensa.

Financiado por los Institutos Nacionales de Salud (NIH) estadounidenses, los científicos utilizaron herramientas de óptica genética de vanguardia para identificar estos mecanismos críticos para la supervivencia, que también están implicados en la enfermedad mental.

“Este estudio es un ejemplo del poder de las nuevas herramientas moleculares que pueden actuar sobre el mismo circuito para ver lo que impulsa el comportamiento”, explica Thomas R. Insel, director del Instituto Nacional de Salud Mental (NIMH), en la nota de prensa de los NIH. “Una mejor comprensión de cómo funciona esa memoria emocional promete resolver misterios sobre los trastornos de circuitos cerebrales en los que se interrumpen esos mecanismos.”

Kay Tye, del NIMH, Praneeth Namburi y Anna Beyeler, del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), en Cambridge, y sus colegas, informan sobre sus hallazgos en la revista Nature.

Antes del nuevo estudio, los científicos sospechaban que estos circuitos estaban implicados en última instancia, pero se sorprendieron por una aparente paradoja. Un cruce de circuitos convergentes en un centro emocional en lo más profundo del cerebro, la amígdala basolateral, parecía estar implicado tanto en el aprendizaje del miedo como en el de la recompensa; pero cómo una región del cerebro podría orquestar tales comportamientos opuestos -de aproximación y de evitación- seguía siendo un enigma. ¿Cómo podrían las señales encontrar el camino adecuado a seguir en esta encrucijada?

Para averiguarlo, Tye y sus colegas exploraron si dos vías sospechosas a las que conducía la encrucijada podrían contener pistas. Una vía conducía a un centro de recompensa, el núcleo accumbens, y la otra a un centro de miedo cercano, la amígdala centromedial.

Cada vía del circuito se compone de poblaciones separadas de neuronas entrelazadas. Los investigadores utilizaron primero trazadores fluorescentes para determinar qué neuronas pertenecían a cada circuito. Luego midieron un indicador de conectividad -la fuerza de las conexiones neuronales- en las vías, después de que los ratones fueran sometidos al aprendizaje del temor o de la recompensa. Los animales fueron entrenados bien para temer un tono vinculado a una descarga bien para asociar el tono con una recompensa de azúcar.

Sorprendentemente, la conectividad de la encrucijada con las vías del centro de recompensa disminuyó tras aprender a tener miedo y aumentó con el aprendizaje de recompensa. Por el contrario, la conectividad con las vías del centro del miedo aumentó con el aprendizaje del miedo y disminuyó tras el aprendizaje de recompensa.Estos mecanismos convergentes en circuitos anatómicamente entrelazados podrían dar pistas sobre cómo las asociaciones emocionales positivas y negativas pueden influirse mutuamente, sugiere Tye.

Para demostrar una relación causal entre los circuitos identificados y el comportamiento, el equipo de Tye utilizó la optogenética, que permite controlar con pulsos de luz los circuitos cerebrales de animales modificados genéticamente para responder a la luz.

Estimulando ópticamente la vía del centro de recompensa mejoró el refuerzo positivo, mientras que estimular la vía del centro del miedo fomentaba el refuerzo negativo. Del mismo modo, el bloqueo de la vía del centro del miedo perjudicaba el aprendizaje del mismo, y mejoraba el aprendizaje de recompensa.

Finalmente, los investigadores identificaron características electrofisiológicas, anatómicas y genéticas de los dos circuitos que ayudaron a explicar las respuestas de conectividad opuestas.

“Teniendo en cuenta que muchos de los problemas de salud mental, como ansiedad, adicción y depresión, pueden surgir de perturbaciones en el procesamiento emocional, estos hallazgos podrían ayudar a allanar el camino a un enfoque basado en circuitos para el tratamiento de las enfermedades mentales”, dice Tye.

Para  acceder al texto completo es necesario consultar las características de suscripción de la fuente original:http://www.nature.com/nature/index.html
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