MENTES/ARTE/ESTILO

Eugenia Martínez, la “niña monstruo” de los Austrias

0e7e48d6f605138e89a756cd591c1863 3c30972a83d35a06610c562ea918362b 4daf5b5c9b8ea46ccb9bb39cba41658a 9bb25e3b89ca4b5569f884bf0174b800 45baec2fa7739b0229b48ae9cf495fff 848e95805983b50ca37e784baa3eb82f 483176a4c4a5766b640c88ba15e77214

Detalle de ‘Retrato de Carlos II’, de Juan Carreño de Miranda | Crédito: Wikipedia. 

Antes de la Ilustración y el desarrollo del método científico, nacer con una enfermedad de las denominadas “raras”, con una malformación congénita o una deficiencia de tipo físico o psíquico podía convertirse en una doble “maldición”.

[Relacionado: Petrus Gonsalvus, un “hombre lobo” en las cortes europeas]

Al drama de padecer una enfermedad que muchas veces no se interpretaba como tal –sino como un castigo de Dios o del diablo– y para la que no existía tratamiento, a menudo se sumaba la tragedia de ser considerado como un “monstruo” o “fenómeno” de la naturaleza.

Tal y como ya hemos visto en otras ocasiones, tanto en el Renacimiento como en el Barroco no fue extraño que nobles y monarcas reunieran en sus cortes, como mero divertimento o curiosidad, a personas aquejadas con dolencias de este tipo, ya fueran individuos con enanismo, gigantismo o ejemplos aún más llamativos.

La presencia de estas personas en ambientes tan “exclusivos” permitió que, en muchas ocasiones, acabaran siendo retratados por los artistas de cámara a petición de monarcas y señores, pues veían en tales retratos una forma inmejorable de dejar testimonio de las “rarezas naturales” que habían ido “coleccionando”.

Ese fue el caso, por ejemplo, de Eugenia Martínez Vallejo, una niña nacida en Bárcena (Cantabria) en la segunda mitad del siglo XVII, y que se convirtió en toda una celebridad por culpa de su enfermedad y de la publicidad que recibió después de que el rey Carlos II, el Hechizado, la hiciera llamar a palacio.

Cuando tenía apenas un año la pequeña Eugenia pesaba ya dos arrobas (unos 25 kilos), y cuando cumplió los seis tenía el tamaño de una mujer adulta y su peso había aumentado hasta las seis arrobas (más de 70 kilogramos). Aquella obesidad extrema para su edad estaba causada lógicamente por una enfermedad, pero en la época se vio como un portento de la naturaleza, y esa fue la razón de el rey la recibiera en palacio y terminara por “acogerla” en su corte, viviendo a partir de ese momento en el Real Palacio del Alcázar.

A partir de ese momento Eugenia pasó a convertirse en uno más de los divertimentos del rey, su historia se recogió en varias “relaciones de sucesos” publicadas en Valencia, Madrid y Sevilla y la población de la época la bautizó cruelmente como “la niña monstruo de los Austrias”.

Carreno de Miranda, King Charles II of Spain c1650 Carreno de Miranda, Duke of Pastrana Carreno de Miranda, Don Juan Jose de Austria 1640-3 Carreno de Miranda, Assumption of Virgin c1657 a6364a858e9baa285b02cbf62e8012ca

Los dos retratos de Eugenia Martínez Vallejo realizados por Carreño | Crédito: Wikipedia.

Durante su vida en palacio la niña fue retratada varias veces, tanto en dibujos como en grabados y pinturas, aunque son precisamente dos lienzos –hoy conservados en el Museo del Prado–, los que nos han permitido conocer con gran detalle cómo fue aquella desgraciada muchacha que acabó inmortalizada por los pinceles de Juan Carreño de Miranda, pintor de cámara del rey.

En concreto, Carreño realizó dos retratos de la niña en 1680, el año en que ésta llegó a palacio. Uno de ellos es un desnudo en el que Eugenia aparece representada al modo de Baco, el dios del vino, mientras que el otro lienzo la representa ataviada con un rico vestido que el propio monarca le había regalado.

Al parecer estos retratos fueron realizados para ser vistos como una pareja, de modo que la desnudez y las carnes de la muchacha contrastaran con el rico vestido del otro cuadro. Pese a que la finalidad de las pinturas era hacer “alarde” de aquella “maravilla de la naturaleza”, no resulta difícil apreciar que Carreño procuró retratar a la pequeña Eugenia con cierta ternura y delicadeza.

Pero más allá de servir de testimonio de las crueles, ignorantes y supersticiosas costumbres de aquellos tiempos, las pinturas del artista asturiano han servido también como piezas de interés científico, en este caso en el ámbito de la medicina.

22022005_200 Carreno de Miranda, Queen Mariana de Austria 1678 Carreno De Miranda, St Jas, Battle of Clavijo 1660 Buda Carreno de Miranda, St Vincent Ferrer c1660 Buda SONY DSC Don Antonio el ingles El enanito de Juana Mendoza

Tras examinar las características físicas de la muchacha, médicos de las últimas décadas han ofrecido distintas hipótesis para tratar de realizar un diagnóstico sobre la dolencia que pudo haber sufrido Eugenia Martínez Vallejo, que acabó muriendo a la edad de 25 años.

[Relacionado: La insólita “mujer barbuda” de Ribera]

Así, para el doctor Gregorio Marañón resultó evidente que Eugenia padecía un síndrome hipercortical, llegando a calificarlo como el primer caso conocido de este dolencia. En cualquier caso, parece no haber duda de que la obesidad mórbida que padecía la niña –y que fue el principal elemento de asombro para sus contemporáneos– tenía un origen hormonal, algo que estaba lejos de sospechar siquiera los galenos de aquella época.

Fuente que utilizo:

http://es.noticias.yahoo.com

MENTES/HISTORIA

El diario de Tatyana Sávicheva,la Ana Frank soviética

images

Numerosísimos son los momentos destacables transcurridos durante la Segunda Guerra Mundial, al igual que las personas que, en algún momento concreto de esos seis dramáticos y largos años, fueron protagonistas (voluntaria o involuntariamente) de un episodio que ha quedado enmarcado en la Historia.

Todos conocemos el nombre de Ana Frank y el relato que tiene tras de sí, con su no menos famoso ‘diario’, pero otros muchos son los niños y niñas que vivieron de cerca la tragedia de la guerra y que han quedado en el anonimato.

Ïîìîùü ðàíåíîìó âî âðåìÿ áîìáåæêè fef0b4f92dfdfefbb0dd599f1900e60a

No es el caso de Tatyana (Tanya) Sávicheva, una niña soviética a la que el Asedio de Leningrado pilló con 11 años, siendo testigo de cómo sus seres más queridos y cercanos iban falleciendo en una cruenta y absurda guerra.

[Te puede interesar: La niña que dio un poco de calor a la Guerra Fría]

Sin proponérselo, la pequeña Tanya se convirtió tras su muerte (a los 14 años de edad) en protagonista en los Juicios de Núremberg, a través de un pequeño diario compuesto por nueve hojas de una libreta escolar y en donde fue anotando hechos que ocurrían a su alrededor y que fue presentado como una de las pruebas contra los nazis por parte de los fiscales.

Pero, al contrario de el de Ana Frank, éste no era un diario en el que había una explicación detallada de los sucesos, sino tan solo breves notas en las que indicaba el nombre de un familiar suyo y la fecha y hora del fallecimiento (esto último solo en las primeras seis hojas).

Algo sencillo pero estremecedor a la misma vez, si tenemos en cuenta su edad y por lo que estaba viviendo.

asedio_leningrado 7002902315_b47428c3b4_b 5d47af7da19dc13fb29d5411d4f24dea

El texto cronológico de este pequeño diario es el siguiente: 1- Zhenia murió el 28 de diciembre de 1941, a las 12:30 horas. 2- La abuelita murió el 25 de enero de 1942, a las 3:00 p.m. 3- Leka murió el 17 de marzo de 1942, a las 5:00 a.m. 4- El tío Vasia murió el 13 de abril de 1942, 2 horas después de la medianoche. 5- El tío Lesha el 10 de mayo de 1942 a las 4:00 p.m. 6- La mamá el 13 de mayo de 1942 a las 7.30 a.m. 7– Los Sávichev murieron. 8- Murieron todos. 9- Solo quedó Tanya.

La última anotación se calcula que fue escrita poco antes de agosto de 1942, en el que fue rescatada y puesta a salvo en un orfanato de Krasni Bor, la misma población donde poco después tuvo lugar una de las batallas en las que intervino la División Azul, una unidad de voluntarios españoles que lucharon junto al ejército nazi.

Pero para aquel entonces la salud de la pequeña Tanya era precaria y así se lo hizo saber a través de una carta Anastasiya Karpova (una de las responsables del orfanato) a Mijail, hermano de la pequeña que se salvó junto a Nina (otra de las hermanas) gracias a encontrarse fuera de Leningrado.

a00687e4b2a9445a66269fc1407a215c 36d8f2cb54063a8e4431f922f4ca3012

[Te puede interesar: El niño judío que se convirtió en mascota de las SS]

En dicha carta, Anastasiya le comentaba al joven que, afortunadamente, la niña seguía con vida, aunque estaba enferma y muy débil, pero sobre todo lo que más falta le hacía era el cariño maternal. Tanya estuvo alojada y cuidada en aquel lugar hasta mayo de 1944, pero un empeoramiento de su salud hizo que tuviese que ser trasladada hasta el hospital de Shatkovski, donde falleció pocos días después (el 1 de julio) a causa de una tuberculosis.

Tras el fin de la IIGM y la aparición de su escueto y conmovedor diario, Tanya Sávicheva se convirtió en toda una imagen icónica de las víctimas del asedio de Leningrado, siendo múltiples los homenajes póstumos que recibió.

Entre ellos se encuentran varios monumentos (e incluso algún que otro memorial) y, lo que es más curioso, el nombre de un asteroide que se encuentra entre las orbitas de Marte y Júpiter y que fue descubierto en 1971 por la astrónoma Lyudmila Ivanovna y al que decidió bautizar como ‘Tanya’en honor a la pequeña.

Fuentes: rusiahoy / wikipedia

[Te puede interesar: El horror vivido en Auschwitz a través de los dibujos de un preso anónimo]

Fuente que utilizo:

http://es.noticias.yahoo.com