INGENIERÍA GENÉTICA

EL NIÑO ‘BURBUJA’ QUE TARDÓ NUEVE MESES EN VER SONREÍR A SUS PADRES

TERAPIA GÉNICA

– Gabriel Solis,un chico ‘burbuja’,vive con normalidad tras recibir un gen que necesitaba

– Hasta la terapia génica vivió aislado del mundo para evitar infecciones

Manuel Ansede   15 OCT 2014

El ‘niño burbuja’ Gabriel Solís, en una foto reciente /ARCHIVO FAMILIAR

El niño chileno Gabriel Solís no vio la sonrisa de sus padres hasta los nueve meses de vida, a bordo de un avión que hacía la ruta Santiago de Chile-Boston. Allí, a unos 10.000 metros de altura, observó aquellas sonrisas por primera vez. Hasta entonces, sus padres estaban obligados a ponerse una mascarilla para acercarse a él, porque permanecía aislado del mundo en una habitación de hospital convertida en un búnker contra virus, bacterias y hongos.

Gabriel es un niño burbuja, afectado por una enfermedad congénita que anula las defensas de su organismo, “como John Travolta en la película El chico de la burbuja de plástico“, según explica su madre, la economista chilena Carolina Riquelme. El niño nació el 2 de julio de 2011 en La Serena, una población playera del norte de Chile conocida como La Ciudad de las Iglesias, por la omnipresencia de la religión cristiana. Al principio, Gabriel era un bebé normal, pero a los cuatro meses y medio empezó a desarrollar su enfermedad, la inmunodeficiencia combinada grave ligada al cromosoma X, que afecta a uno o dos de cada 100.000 bebés.

El niño había nacido con una mutación grave en tan solo uno de sus 25.000 genes, el IL2RG, esencial para el desarrollo de las defensas del organismo. Aquella tara en el mundo microscópico obligó a sus médicos a encerrarlo en una habitación para pacientes con cáncer de la Clínica Santa María, en Santiago de Chile. “Fue un shockver a nuestro hijo enfermo, obligado a vivir en aislamiento. Teníamos que entrar con mascarilla, él siempre nos veía con mascarilla. Y todos sus juguetes tenían que ser de plástico y lavables. Nada de peluches, nada que tuviera polvo”, recuerda Riquelme, que dejó su trabajo y vivió aislada del mundo con el niño durante cinco meses.

Hoy, sin embargo, Gabriel lleva una vida normal y va a empezar la guardería, un cambio que su madre atribuye a “la presencia de Dios”, pero que quizá tenga una explicación bastante más terrenal y sofisticada. Aquel avión en el que niño vio la sonrisa de sus padres por primera vez los acercaba al Centro de Oncología y Enfermedades de la Sangre Dana-Farber, en Boston. Allí les esperaba el pediatraDavid Williams, con un plan para Gabriel.

El niño David Vetter, inspirador de la película ‘El chico de la burbuja de plástico’ (1976) / BCM

En las semanas siguientes, el equipo de Williams extrajo células inmaduras de la médula ósea del interior de los huesos del niño. Eran células madre productoras de sangre, capaces de generar glóbulos blancos, los soldados del organismo contra infecciones causadas por virus, bacterias y hongos. En un laboratorio especializado, aquellas células jóvenes fueron expuestas a un virus modificado con el gen que necesitaba Gabriel. El virus, originalmente de ratón y con una envoltura añadida de otro virus que afecta a los gibones, es capaz de insertar material genético en las células humanas e hizo su trabajo. Y los médicos devolvieron al niño sus células madre, ya con el nuevo gen empotrado, inyectándoselas en vena, a razón de 7,8 millones de células por cada kilo de peso.

“Su pronóstico es muy bueno. Debería de ser capaz de llevar una vida casi normal a partir de ahora”, se felicita Williams, que acaba de publicar su investigación con Gabriel y otros ocho niños en la revistaThe New England Journal of Medicine. Uno de los chavales murió por una infección contraída antes de comenzar el estudio. Los demás siguen vivos al cabo de entre uno y tres años después de recibir el tratamiento. Para el pediatra, estos resultados hacen que esta nueva terapia génica sea prometedora para “muchas otras enfermedades, como la hemofilia, la talasemia, formas congénitas de ceguera y la anemia falciforme, por ejemplo”.

El farmacólogo Juan Bueren aplaude los resultados con Gabriel y recuerda el fracaso de las primeras terapias génicas, arrancadas en 2000. Entonces, un equipo del Hospital Necker de París empleó el mismo procedimiento con 11 niños, pero los ensayos tuvieron que detenerse después de que dos de ellos desarrollaran leucemia. “Utilizaron virus muy potentes, que llegaban a activar genes adyacentes al gen añadido, incluidos algunos relacionados con el cáncer”, explica Bueren, experto en estas terapias innovadoras en el organismo público español Ciemat.

Sin embargo, el investigador es cauto ante el nuevo tratamiento. “Hay que esperar, porque sólo han pasado tres años, pero es cierto que todavía no se están observando los fenómenos que se dieron en 2000”, opina. Los virus empleados en Gabriel tienen un efecto más débil que los utilizados hace 14 años, como recalca Williams: “El nuevo virus parece más seguro, porque activa mucho menos los genes”. El fantasma de la leucemia que congeló la investigación en terapias génicas en sus comienzos, de momento, parece lejano.

El éxito del equipo de Boston se une al de otros dos ensayos clínicospresentados el año pasado. Científicos italianos del Instituto San Raffaele Telethon, en Milán, anunciaron entonces que habían logrado detener otras dos enfermedades hereditarias en seis niños, afectados o bien por la leucodistrofia metacromática, en la que un gen defectuoso provoca movimientos musculares anormales y cambios de personalidad, o bien por el síndrome de Wiskott-Aldrich, que afecta a la sangre y desencadena una inmunodeficiencia. Los investigadores emplearon el virus del sida modificado para introducirles el gen que necesitaban y los chavales vivían casi sin síntomas dos años después del tratamiento.

Teníamos que entrar con mascarilla. Y todos sus juguetes tenían que ser de plástico y lavables. Nada de peluches, nada que tuviera polvo”

En ninguno de los casos nadie canta victoria todavía. El propio Gabriel será sometido a seguimiento durante 15 años. Sin embargo, el miércoles 8 de octubre, el mismo día en el que se publicaba el estudio científico, sus padres se fueron con el niño de vacaciones por primera vez, a visitar a sus familiares en Córdoba (Argentina). Y Gabriel iba contento, como celebra su madre: “Después de tanto plástico, ahora le encantan las cosas suavecitas. Su juguete favorito es un osito de peluche”. Gabriel no lo ha bautizado. Sólo dice: “Mi osito”.

Anuncios
SONIDO

EL SONIDO MÁS POTENTE QUE EL SER HUMANO HAYA ESCUCHADO

SUPERÓ LOS 180 DECIBELIOS Y SE SINTIÓ DURANTE DÍAS

9a3380defdac41980df1737128ed1baf

El 27 de agosto de 1883 la Tierra escuchó el sonido natural más potente del que se tienen registros. El estruendo, causado por el lado más destructivo de la naturaleza, estuvo causado por una explosión de 200 megatones, es decir, 10.000 veces más poderosa que la bomba atómica de Hiroshima.

El volcán de la isla de Krakatoa, situada entre Java y Sumatra, lo que antes eran las Indias Holandesas Orientales, comenzó a revolverse meses antes, con varias erupciones relativamente leves. Pero el 27 de agosto fue el día de la catástrofe. El volcán colapsó en una serie de explosiones en cadena que destruyeron gran parte de la isla y del archipiélago que la rodea. Según los registros de entonces, causó 36.471 muertes, tanto por la erupción como por el tsunami que ésta provocó.

Eran las 10 de la mañana, hora local, cuando el estruendo surgió de Krakatoa. Las crónicas de la época recogen testimonios que aseguran que pudo oírse en las islas de Andaman y Nicobar, en India, a más de 2.000 kilómetros; en Nueva Guinea y Australia, a más de 3.200 kilómetros e incluso en islas del océano Índico situadas a casi 5.000 kilómetros.

2mg35f7

Para que se hagan una idea, tengan en cuenta que la distancia entre Gibraltar y Finisterre es de 822 kilómetros en línea recta. De forma que lo que aquí hablamos es similar a si explotase un volcán en Moscú y pudiésemos oírlo desde Gibraltar

Para que se hagan una idea, tengan en cuenta que la distancia entre Gibraltar y Finisterre es de 822 kilómetros en línea recta. De forma que lo que aquí hablamos es similar a que una explosión en Moscú pudiese ser oída desde Gibraltar, una distancia de 3.881 kilómetros. A una velocidad de 1.234,8 km/h, significa que el sonido tardaría más de tres horas en llegar.

Más de 180 decibelios

Según cuenta Aatish Bhatia en Nautil, el capitán del navío británico Norham Castle, que se encontraba en el momento de la explosión a unos 65 kilómetros del volcán recogió lo siguiente en su diario: “Ha sido una explosión tan violenta que la mitad de mi tripulación tiene los tímpanos reventados. Mis pensamientos están con mi querida esposa. Estoy seguro de que el Día del Juicio ha llegado”.

Un barómetro situado en las minas de gas de Batavia, a unos 160 kilómetros de Krakatoa, registró un pico de presión equivalente a unos 180 decibelios de sonido. Probablemente la explosión superó los 200 decibelios que se atribuyen a la detonación de una bomba atómica como la mencionada de Hiroshima, pero 180 ya es un nivel salvajemente alto, si tenemos en cuenta que manejando una taladradora industrial estaríamos expuestos a unos 100 decibelios, y que el umbral del dolor se sitúa en los 130 decibelios. 180 es una cifra tan alta que ese sonido no solo pudo oírse, sino también sentirse.

Cuando hablamos, es decir, cuando utilizamos la garganta para producir sonido, lo que hacemos es agitar las moléculas del aire decenas o cientos de veces por segundo, provocando así que la presión sea baja en unos puntos y alta en otros. Cuando más alto es el sonido, mayores son las fluctuaciones en la presión. Pero existe un límite en lo alto que puede ser un sonido, porque llegado un nivel las fluctuaciones son tan grandes que los puntos donde la presión es baja alcanzan el cero, el vacío. No se puede bajar más. Si pasa de ahí, el sonido no viaja por el aire, sino que lo empuja, creando una onda de aire en movimiento llamada onda de choque.

Como decimos, los 180 decibelios del Krakatoa se midieron a 160 kilómetros de distancia. Cerca del volcán, superaron con creces la cifra de 194, produciendo una onda de choque tan fuerte que dañó los tímpanos de la tripulación del Norham Castle. A medida que recorría kilómetros, las fluctuaciones en la presión disminuían, sonando parecido a un disparo a lo lejos.

Una onda que dio cuatro veces la vuelta a la Tierra

Recorridos miles de kilómetros, la onda de presión se atenuó tanto que ya no era perceptible por el oído humano, pero no desapareció, sino que siguió avanzando durante días. La atmósfera resonaba como una campana aunque los humanos no pudiesen oírlo, pero determinados instrumentos de precisión sí pudieron captarlo.

La onda siguió viajando, y durante los siguientes cinco días, estaciones meteorológicas de ciudades alrededor del mundo observaron como el pico de presión se repetía puntualmente cada más o menos 34 horasCiudades de todo el mundo contaban con estaciones atmosféricas equipadas con barómetros que registraban los cambios en la presión atmosférica. Seis horas y 47 minutos después de la explosión del Krakatoa, una estación en Calcuta captó un pico de presión. A las 8 horas se dejó notar en Melbourne y Sídney. A las 12 horas fue en San Petesburgo, seguido por Viena, Roma, París, Berlín y Munich. A las 18 horas había llegado a Nueva York, Washington y Toronto.

La onda siguió viajando, y durante los siguientes cinco días, estaciones meteorológicas de ciudades alrededor del mundo observaron como el pico de presión se repetía puntualmente cada más o menos 34 horas. Es el tiempo que tarda el sonido dar una vuelta completa a la Tierra. En total, las ondas de presión generadas por la explosión del Krakatoa dieron la vuelta a la Tierra entre tres y cuatro veces en cada dirección (aunque algunas fuentes aseguran que dieron hasta siete vueltas completas).

Pero no fue el sonido lo único con lo que el Krakatoa hizo estremecerse al mundo. Según explica la Oficina de Meteorología del Gobierno de Australia, durante meses tras la devastadora explosión del volcán se pudieron ver en todo el mundo atardeceres espectaculares, como resultado del reflejo de la luz del sol en las partículas expulsadas durante la erupción a la atmósfera. Si algún lector quiere hacerse a la idea de cómo eran esas estampas, solo tiene que observar el famoso cuadro El Grito, de Edvard Munch. Investigadores de la Universidad del Estado de Texas explicaron en un estudio que el cielo que pintó el artista en 1893 sería una reproducción bastante fiel a cómo se veía el cielo en Noruega en 1883, tras la explosión que atronó al mundo.

8AEA07CF0

Fuente:

http://www.elconfidencial.com

CIENCIA/FILOSOFÍA/SENTIMIENTOS

“EL PARO EN ESPAÑA DEMUESTRA QUE EL TRABAJO EN OCCIDENTE SE ASOMA AL PRECIPICIO”

UNA BREVE HISTORIA DE LA HUMANIDAD

3a4294cc3bc153d414c32c05ce0aef75

En su libro de memorias Mi último suspiro, el director de cine Luis Buñuelexplica por qué detesta el turismo y nunca sintió la necesidad de visitar países lejanos. “Me dicen que por qué no viajo a la India, y me pregunto qué haría yo en la India a las cuatro de la tarde, cuando en casa me echaría una siesta”. Con vitriólica ironía, el cineasta resumía bien una realidad que tendemos a olvidar: la mayor parte de comportamientos del ser humano sólo tienen sentido dentro de la cultura en la que habitan. Esta es una de las ideas que dirigen el argumento de De animales a dioses (Debate; editado en catalán por Edicions 62), en el que el profesor de historia de la Universidad hebrea de JerusalénYuval Noah Harari plantea de forma bastante didáctica algunas reflexiones sugeridas por la historia humana.

“Breve historia de la humanidad” es el nada modesto subtítulo del libro, pero Harari recorre con elocuencia la historia del hombre desde la aparición delsapiens hasta el improbable futuro para desentrañar esas guías invisibles que se han mantenido invariables a lo largo del tiempo. Lección nº1: la evolución tecnológica raramente ha mejorado el bienestar material del hombre. Lección nº2: la mayor parte de las cosas que pensamos son naturales no son más que construcciones humanas. Lección nº3: la evolución es imparable, y no podemos saber qué ocurrirá en nuestro futuro, ya que todas las interpretaciones que el hombre realiza sobre su historia son retrospectivas y sólo tienen sentido una vez han ocurrido. El especialista en procesos macrohistóricos nos lo explica.

PREGUNTA. Una de las conclusiones que se extrae de la lectura de De animales a dioseses que revoluciones como la agrícola no sólo no han mejorado la calidad de vida individual de los seres humanos, sino que probablemente la han empeorado. Por ejemplo, el paso a comunidades asentadas aumentó el número de enfermedades e hizo que se dispararan las necesidades de producción alimenticia, de forma paralela al crecimiento de la población. ¿Ha sido la evolución uno de los grandes enemigos de nuestro bienestar individual?

RESPUESTA. El mensaje principal es que la gente no es necesariamente más infeliz. Hay muchos ejemplos de avances que han conseguido que la gente viva mejor. En los últimos cien años hemos conseguido superar la mayor parte de las plagas epidémicas que ha sufrido la humanidad. La mortalidad infantil ha pasado del 33% a menos de un 1% en países desarrollados como España. Hay cosas buenas que el progreso trae, pero la idea principal es que no es forzoso que todo avance tecnológico, científico o económico lleve a una mejora de las condiciones en que vive el ser humano. La revolución agrícola permitió que el hombre se hiciese más poderoso, pero la vida del ser humano no mejoró. Para una persona normal y corriente, la vida seguramente fue más dura después de la revolución agrícola, porque nuestros cuerpos y nuestras mentes evolucionarion a lo largo de cientos de miles de años para adaptarse a la vida del cazador recolector, es decir, para subir a los árboles a coger fruta o correr para cazar conejos. De repente, pasar el día entero cavando canales y desviando agua, cosechando y recolectando o moliendo grano no era sano para el cuerpo y resultaba aburrido para la mente. Además, su dieta empeoró y empezaron a sufrir las consecuencias de la explotación y la jerarquía social.

La gente pensó que el correo electrónico nos permitiría tener más tiempo libre, estaríamos menos estresados y trabajaríamos menos pero, como todo el mundo sabe, ha ocurrido lo opuesto

P. Se puede trazar cierto paralelismo con lo que ocurrió con grandes masas de la población tras la Revolución Industrial. Hoy en día, vivimos más estresados, nos alimentamos mal y tenemos que trabajar más para conseguir un menor bienestar.

R. Un buen ejemplo que utilizo es la invención del correo electrónico. La gente pensaba que el correo electrónico iba a hacer nuestras vidas más cómodas. En lugar de emplear mucho tiempo escribiendo a mano, poniendo sellos, comprando sobres y yendo a correos a enviar las cartas, podemos hacer lo mismo de forma más rápida y cómoda. La gente pensó que sería una gran mejora, porque tendríamos más tiempo libre, estaríamos menos estresados y trabajaríamos menos pero, como todo el mundo sabe, ha ocurrido lo opuesto. Es cierto que el correo electrónico hace que la economía sea más eficaz en su funcionamiento porque la información es más rápida, pero el trabajo de oficina del empleado medio es mucho más estresante. Vemos que la gente está en el autobús o el tren con sus teléfonos recibiendo y escribiendo mensajes. Así que al final tenemos menos tiempo libre que antes y estamos más estresados.

P. Cuando el hombre pasa a ser sedentario, comienza esa escalada de crecimiento continuo que llega hasta hoy. Hay que cultivar más porque hay una mayor población, lo que a su vez hace aumentar el número de nacimientos y provoca que se cultive más. ¿Es ese crecimiento imparable, este círculo vicioso, lo que distingue al ser humano?

R. Sin duda, la economía de cualquier otro animal es estable. Por ejemplo, si uno vive en un valle donde hay hierba, conejos que la comen y zorros que comen a los conejos, la población siempre va a ser estable. Si un año los zorros comen demasiados conejos, el año siguiente no van a tener suficiente para comer y morirán de hambre, lo que estabilizará la población. La razón es que los animales no tienen control sobre la fuente que les proporciona alimento, no saben qué tienen que hacer para aumentar los recursos. Un zorro no sabe cómo aumentar la población de conejos, pero el hombre sí sabe cómo hacerlo.

Lo más importante que hay que comprender es que tendemos a pensar que sólo hay dos recursos principales en el mundo, las materias primas y la energía. Y creemos que estos dos recursos son constantes y que pueden limitar el crecimiento demográfico y económico. Pero la verdad es que hay tres recursos: las materias primas, la energía y el conocimiento. Si las materias primeras y la energía son más o menos estables, el conocimiento es un recurso que aumenta, en continua expansión. Cuanto más conocimiento se tiene, más se puede adquirir. Se expande, nunca se reduce. Los hombres descubren permanentemente nuevas formas de energía y nuevas fuentes de materias primas, lo que hace que su economía y población crezcan de forma indefinida. La mayor parte de materias que utilizamos hoy, como el petróleo, el aluminio o el plástico, apenas se conocían hace 200 años.

P. El trigo nos proporciona una buena lección. Usted dice que el hombre no domesticó el trigo, sino que fue el trigo el que domesticó al hombre, puesto que el paso a una existencia basada en la agricultura provocó que el trigo empezase a cultivarse de forma mucho más frecuente y, por lo tanto, a aumentar exponencialmente su presencia en el planeta. ¿Qué puede aprender el hombre de ello y de su posición en el mundo?

R. Se pueden extraer dos lecciones. En primer lugar, que la historia no circula alrededor del ser humano. No se puede decir que todo lo que ha ocurrido ha beneficiado al ser humano. Hay otra lección aún más importante. Los seres humanos son muy buenos a la hora de predecir las consecuencias a corto plazo de sus acciones, pero muy malos a la hora de predecir las consecuencias a largo plazo. Es lo que ocurrió con la revolución agrícola. La gente pensó que era una buena idea, pero para la mayor parte de la gente, su vida empeoró. Y está ocurriendo otra vez. Estamos produciendo programas extremadamente inteligentes que pensamos que nos facilitarán la vida, pero de hecho nadie sabe cuáles van a ser las consecuencias de estos avances tecnológicos en 20 años. Hay quien sostiene que dentro de 50 años la mayor parte de la gente no va a tener ninguna utilidad económica. El mayor problema de la economía del siglo XXI es pensar qué va a ocurrir con toda esta gente. Hay expertos que dicen que las tasas de desempleo que se ven en lugares como España significan que estamos cayendo al abismo, sobre todo en los países desarrollados, donde la mayor parte de los empleos no son físicos, sino que requieren habilidades cognitivas: abogados, médicos, gente que trabaja en los bancos… Son trabajos que los ordenadores van a saber hacer mejor que nosotros. Si alguien quiere ir a la universidad y se pregunta qué debe aprender para tener un futuro profesional dentro de 20 años, nadie sabe responderle.

La lección más importante que nos enseña la historia es que no podemos asumir que cuando los seres humanos se hacen más poderosos, la vida de cada ser humano a nivel individual mejora

P. El problema con el ser humano es que una vez una revolución tiene lugar, no hay vuelta atrás. No podemos volver a comer raíces y no podemos dejar de utilizar el corro electrónico. Es utópico que nadie pueda rebelarse de forma individual.

R. Por supuesto, es imposible volver atrás, y a nivel individual no se pueden frenar esos procesos. La lección más importante que nos enseña la historia es que no podemos asumir simplemente que cuando los seres humanos se hacen más poderosos, la vida de cada ser humano a nivel individual mejora. Somos mil veces más poderosos como raza que en la Edad Media, pero no somos mil veces más felices. Si pudieses conocer a alguno de tus ancestros y explicarle cómo vives, seguramente te diría que vives en el paraíso, que tienes que vivir lleno de felicidad, bailando y cantando todo el día. Pero no nos sentimos así, estamos muy insatisfechos. Un buen ejemplo es lo que ocurre en Oriente Medio. Desde el punto de vista material, la vida de un egipcio en 2011 era mucho mejor que en cualquier momento previo de la historia. La probabilidad de que un egipcio medio muera de hambre o enfermedad o en una guerra era muchísimo menor con Mubarakque con regímenes previos. Uno habría imaginado que los egipcios estarían contentos, pero sabemos que estaban enfadados e insatisfechos, porque a medida que su situación mejoraba, las expectativas también lo hacían, y eso significa que la gente no está más contenta de lo que estaba antes.

P. Otra de las lecciones del libro es que interpretamos la historia en retrospectiva. Para el ser humano del siglo XXI, es natural comprar un teléfono móvil cada año, un coche cada cinco y que queramos ir a vacaciones a un país extranjero todos los veranos, mientras que como explica en el libro, un egipcio no habría encontrado ningún sentido en hacer turismo, sino que probablemente habría visto más útil construir una pirámide para almacenar sus restos. ¿No es nuestra forma de vida una excepción a lo que ha sido habitual para el hombre durante milenios?

R. Lo que ocurre es que cada persona vive en una cultura determinada, y esa cultura está hecha de distintas narrativas. Estas son historias que oímos una y otra vez desde que nacemos. Estamos convencidos de que esa es la realidad, pero la mayor parte son narraciones propias de nuestra cultura, como viajar al extranjero. Pensamos que a todo el mundo le gusta, pero la mayor parte de la gente a lo largo de la historia no pensaba así. Los ricos del Antiguo Egipto nunca pensaron en ir de vacaciones al extranjero. A los chimpancés no se les ocurriría visitar a los chimpancés de otro territorio. Pensamos que es muy divertido ir a la playa, pero ¿dónde construían los palacios los reyes europeos hace 300 o 400 años? El valle del Loira está lleno de palacios, pero en la Riviera francesa no hay ninguno. A los reyes franceses no se les ocurría ir a pasarlo bien a la playa. No es que no tuvieran dinero, pero no era la clase de relato común en su cultura. La idea de ir a la playa empezó a evolucionar a partir del siglo XIX, forma parte de la cultura del Romanticismo.

Harari señala en su libro que el dinero fue más importante que la religión a la hora de unir a diferentes pueblos. (Foto: Enrique Villarino)Harari señala en su libro que el dinero fue más importante que la religión a la hora de unir a diferentes pueblos. (Foto: Enrique Villarino)

P. Aunque sospechemos que puede ser así, para el ser humano es inaceptable psicológicamente reconocer que sus deseos están impuestos desde el exterior.

R. Es una idea que la gente entiende muy bien cuando se trata de los demás. Es fácil comprender que en alguna tribu india o en Oriente Medio a la gente la han lavado el cerebro desde su nacimiento con todo tipo de ideas y por eso se comportan de forma extraña. Nosotros pensamos que nos comportamos de forma normal, pero no hay más que echar un vistazo a la televisión para ver cómo cada anuncio es en sí mismo un mito que trata de convencernos de que vivamos de una forma determinada para ser más felices, estar más guapos y vivir más satisfechos.

Pensamos que la función fundamental de la familia es satisfacer nuestras necesidades afectivas, pero durante la mayor parte de la historia, la familia era una unidad política y económica

P. ¿Cuáles son esos mitos que operan hoy y que habrían parecido absurdos hace 100 años?

R. La familia es un buen ejemplo. Pensamos que la función fundamental de la familia es satisfacer nuestras necesidades afectivas y emocionales. ¿Qué quiero de mi mujer o esposo? Creemos que la familia es una unidad emocional afectiva y, si no nos satisface, lo normal es que rompamos. Hace 100 o 200 años, y en la mayor parte de la historia, la familia era una unidad política y económica, no afectiva. La familia era nuestro fondo de pensiones, ya que estos no existían por aquel entonces. Si uno quería que alguien le cuidara cuando fuera viejo, necesitaba una familia, y por consiguiente, la familia también era el hospital, el colegio y el banco. Es lo que la gente esperaba de sus familias. Si pudieran vernos pensarían que somos muy extraños. Lo que ha cambiado en los últimos dos siglos es que el Estado y el mercado empezaron a ocuparse gran parte de las cosas de las que se ocupaban las familias. Ya no la necesitamos para esas cosas y, por consiguiente, se ha convertido en una unidad de afecto. Por eso hay una tasa de divorcio tan elevada. Cuando la familia era una unidad política y económica, era una locura romperla, incluso si no te gustaba tu marido o mujer. Cuando se convierte en una unidad afectiva, si estas necesidades afectivas no se satisfacen, es más fácil romper.

P. Ello tiene otra implicación: han aparecido sentimientos completamente nuevos para el ser humano como el amor romántico o la autorrealización en el trabajo. ¿Emergen los sentimientos como resultado de las condiciones materiales en las que vive el hombre?

R. Esos sentimientos tienen una base en nuestra biología y en nuestra mente. El amor romántico existía antes de la Edad Moderna, pero era mucho menos importante y frecuente. Había historias románticas en la Edad Media, pero la gente no pensaba en casarse por amor. Tampoco pensaban que fuera aceptable divorciarse sólo porque no te gustaba tu pareja. Lo fundamental en la familia no era el amor. Lo principal era crear una unidad económica que protegiera al individuo. No es que el amor romántico apareciera de repente, sino que pasó de ser algo marginal a ser algo fundamental, hasta tal punto que cambió el modo que la sociedad entiende las relaciones homosexuales. Cuando la idea principal de una pareja era tener hijos y unir las tierras de las familias, la idea de la pareja homosexual no tenía sentido. Una vez que lo principal es que la pareja  nos aporte amor y plenitud sexual, si esto se encuentra con mayor facilidad con alguien del mismo sexo, tiene mucho más sentido.

La ciencia no puede responder a la pregunta de si debemos invertir más en educación o en seguridad, no puede decirle a España si tiene que absorber las grandes masas de inmigrantes

P. Ni los comunistas ni los liberales estarían dispuestos a pensar que sus ideologías tienen mucho que ver con sistemas imaginarios semejantes a los de las religiones, pero usted dice que así es. El ser humano está dispuesto a aceptar sistemas como el liberalismo incluso en el caso de que nos pueda llevar a una grave crisis financiera. ¿Tan ciegos estamos ante nuestros sistemas de creencias?

R. No puedes tener una red de colaboración entre seres humanos si no hay una narrativa imaginaria. La principal pregunta en la historia es cómo millones de extraños que no se conocen mutuamente están dispuestos a cooperar entre sí en una empresa, en un país, en un ejército… Si analizamos cualquier emprendimiento humano, siempre vemos que en la base hay alguna ficción imaginaria. No puedes convencer a un mono de que nos dé un plátano prometiéndole que cuando muera irá al cielo, donde tendrá muchísimos plátanos. Por eso, los monos no pueden crear ejércitos ni Iglesias ni estados. Los seres humanos sí viven en esas historias imaginarias, y creen en ellas, y es la base de la creación de cualquier Iglesia y Estado, y eso se puede aplicar a la sociedad contemporánea. No existen Derechos Humanos en el mundo, es una historia que nos hemos contado, muy atractiva y bonita, pero es una ficción, como la historia de Dios y los cielos. Es como la economía. No existen corporaciones como Google, Microsoft, Fiat, Seat… Son ficciones jurídicas. Son como una especie de Dios: si cuentas una historia sobre ello, todo el mundo lo creerá, aunque no haya nada real que lo apoye.

P. La diferencia que aparece en los órdenes imaginarios tras la revolución científica es que tanto el sistema capitalista como el comunismo marxista intentan justificar su existencia a partir de una objetividad científica, lo que los hace más peligrosos.

R. Hoy, debido a ese prestigio de la ciencia, muchas religiones e ideologías tratan de basarse en ella. El ejemplo más fácil es el nazismo, que estaba basado en las leyes de la selección natural, y lo mismo ocurre con el comunismo y con el capitalismo. Pero el hecho es que todos ellos parten de una ficción. Sin ese relato ficticio, no podrían decir a la gente cómo tendrían que comportarse, porque la ciencia no tiene respuesta a preguntas sobre valores como qué es bueno o cómo debemos comportarnos. Esas no son cuestiones científicas. La ciencia no puede responder a la pregunta de si debemos invertir más en educación o en seguridad, no puede decirle a España si tiene que absorber las grandes masas de inmigrantes. Es una cuestión de valores. No hay ecuaciones matemáticas ni ningún experimento que pueda darnos una respuesta esas cuestiones, por lo que inventamos narrativas como los Derechos Humanos o la igualdad entre los hombres, pero el hecho es que no tienen ninguna base biológica, no son más que una historia que nos hemos inventado.

Fuente:

http://www.elconfidencial.com

ESPAÑA·TECNOLOGÍA/SOCIEDAD

LA APUESTA POR LA CIENCIA

tokio ciencia-china

EL MECENAZGO ES BÁSICO PARA APOYAR A INVESTIGADORES E INSTITUCIONES

Es de sobra conocida la posición relevante de Emilio Botín entre las entidades financieras del mundo en su apoyo a la enseñanza y al deporte. Probablemente es una labor menos conocida por el público general, pero no por ello menos importante, la de mecenazgo de la ciencia. Don Emilio creyó en la ciencia española y en su capacidad para actuar como motor de desarrollo social y económico. Defendía la necesidad de seguir invirtiendo en ciencia pues sabía que los países que lo hacen son, a largo plazo, los más ricos. Por ello, decidió apoyar a una serie de científicos e instituciones españolas para propulsar su capacidad de investigación, pero además, facilitarles instrumentos para transformar sus descubrimientos en beneficios para el conjunto de la sociedad.

nanotecnologia done-yo-la-nanotecnologia-impacto-social2

He podido ser testigo, desde el Instituto de Investigación Biomédica (IRB Barcelona) que dirijo, del impacto de los programas impulsados por la Fundación Botín. Es un ejemplo paradigmático de las acciones de apoyo con una gestión basada en la excelencia, que no ha caído en la trampa de redistribuir territorialmente o con arreglo a cuotas determinadas. Las impresiones del éxito de estos programas las detallo seguidamente.

»Investigadores Botín. Bajo la presidencia de don Emilio, la Fundación Botín ha impulsado a partir del año 2005 el Programa de Transferencia de Tecnología de la Fundación centrado en las áreas de biomedicina y biotecnología. El programa está diseñado para potenciar a los mejores investigadores del ámbito biomédico de España con el fin de conseguir resultados científicos relevantes, pero también asegurar que esos resultados reviertan en beneficios para la sociedad. Más allá de los logros concretos, existe la voluntad de contribuir a un cambio cultural por el cual los investigadores integren la transferencia de tecnología dentro de sus objetivos, y así convertir la generación de conocimiento en una herramienta para la innovación y el desarrollo.

nanotecnologia-urbanismo-ecologia-demografia-educacion-visiones-diversas-futuro_1_1664577 NANOTECNOLOGIA

Probablemente el éxito del programa reside en diversos factores. En primer lugar, la apuesta por la concentración en un único sector con potencial, el de la biomedicina, lo que le ha permitido tener un impacto y una visibilidad substanciales. Además, los investigadores del programa se escogen con el único criterio de responder a una combinación entre ciencia excelente y potencial de transferencia. Los científicos del programa se financian con una generosa dotación económica, que les permite abordar proyectos ambiciosos de una duración de hasta cinco años, y, en algunos casos, por periodos más largos. Otra clave del éxito es su formulación un tanto sofisticada: la fundación les asigna un equipo de gestores de transferencia de tecnología altamente cualificados, que realizan un estrecho seguimiento del proyecto, acompañando al investigador y a la institución en el proceso de transferencia para asegurar que este tiene impacto en la sociedad. A través de ese equipo, la Fundación Botín ayuda a identificar las ideas prometedoras, a evaluarlas, definir el procedimiento más apropiado para transferirlas y buscar los socios adecuados en el proceso. Y es justamente este acompañamiento tan cercano el que promueve un cambio cultural, que afecta a los investigadores financiados y, por extensión, a toda la institución donde trabajan. Este cambio de cultura en los centros ha sido uno de sus mayores éxitos. En muchos casos, las instituciones participantes han extendido al conjunto de sus investigadores las buenas prácticas de transferencia características del programa, contratando gestores especializados y creando oficinas de transferencia tecnológica.

La biomedicina se ha beneficiado de proyectos ambiciosos de cinco años e incluso más largos

»Proyectos Mind the Gap. Desde 2010, la Fundación Botín añadió a sus actividades un nuevo programa llamado Mind the Gap, con la voluntad de cubrir el vacío estructural que existe entre el desarrollo de los proyectos en biomedicina en el laboratorio y el momento en el que el proyecto es atractivo para el mercado e inversores. El programa Mind the Gap aporta capital y recursos humanos para gestionar, coordinar y asesorar en el proceso de impulsar proyectos empresariales que conviertan las tecnologías en productos o servicios. El programa aporta financiación y apoyo del equipo de gestores de la fundación. El objetivo es desarrollar las tecnologías para captar inversiones que les den continuidad hasta llevarlas al mercado.

2009103013534700000268140000088086

»Dinamización de la transferencia en España. La actuación de la Fundación Botín como dinamizadora del sector de la transferencia de tecnología merece un apunte aparte. Con los dos programas descritos apoya a investigadores y proyectos, pero su actividad va más allá actuando al nivel de catalizador, evaluador y propulsor del sistema de I+D. Entre sus observatorios de tendencias, en 2012 incluyó el Observatorio de la Ciencia con la voluntad de ofrecer directrices que insuflen mayor vigor al sistema de transferencia de tecnología y conocimiento en España. A lo largo de dos años, la fundación ha estado realizando reuniones abiertas en las que han participado personas clave de los diferentes colectivos implicados en este ámbito, científicos, directores de centros, agentes de empresas de capital riesgo, emprendedores, gestores de universidades y directores de oficinas de transferencia. El informe final con las conclusiones y las propuestas de actuación se presentarán este mismo septiembre en una jornada en Madrid. La Fundación Botín suma y sigue.

Joan J. Guinovart es director del Instituto de Investigación Biomédica (IRB Barcelona) y catedrático de la Universidad de Barcelona.

Fuente:

http://elpais.com