Adicciones/Enfermedades endocrinas

La mala alimentación es peor para la salud mundial que el tabaco

LA MALA ALIMENTACIÓN ES PEOR PARA LA SALUD MUNDIAL QUE EL TABACO

*El relator de Naciones Unidas pide limitaciones a la publicidad y un cambio en la producción

*1400 millones de personas padecen sobrepeso u obesidad

MADRID 20 Mayo 2014

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“Las dietas poco saludables son un riesgo mayor para la salud mundial que el tabaco”, ha afirmado esta mañana Olivier de Schutter, relator especial de Naciones Unidas para la Alimentación. “De la misma manera que el mundo se ha unido para regular los riesgos del tabaco, debe llegarse a un acuerdo marco sobre dietas adecuadas”, ha añadido Schutter ante la inauguración, pasado mañana, del encuentro Hacia una Convención Mundial para Proteger y Promover las Dietas Saludables de la organización Consumers International. Los últimos datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) indican que la obesidad es responsable de 3,4 millones de muertes al año, y que hay 1.400 millones de personas con sobrepeso.

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Schutter, que presentó en 2012 un informe sobre nutrición, recordó las cinco propuestas estrella de aquel trabajo, y lamentó que no se hayan puesto en marcha. Estas son aumentar los impuestos a los productos menos saludables; regular los alimentos con alto contenido de grasas saturadas, azúcar y sal; limitar la publicidad de la comida basura; replantearse ciertos subsidios agrícolas que abaratan algunos productos y no otros y apoyar a los productores locales para que los consumidores tengan acceso a productos sanos, frescos y nutritivos.

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“Los Gobiernos han puesto el foco en aumentar la cantidad de calorías disponibles, pero muy a menudo han sido indiferentes acerca de qué tipo de calorías ofrecen, a qué precio, para quién son accesibles y cómo se comercializan”, ha dicho de Schutter.

Las palabras del relator de Naciones Unidas son el último llamamiento sobre el impacto de la obesidad en la salud mundial, que se ha venido a llamar la epidemia del siglo XXI. Según la Organización Mundial de la Salud, aunque el hambre es aún un problema para unos 800 millones de personas, la mala dieta lo es aún mayor: unos 1.400 millones de personas tienen obesidad o sobrepeso en el mundo, y estas malas dietas se relacionan con problemas cardiovasculares, diabetes, osteoartritis y algunos cánceres (mama, endometrio, colon)

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Este esfuerzo refleja un efecto pendular: se ha pasado de una preocupación por la insuficiente alimentación a lo contrario. De hecho, el 65% de la población mundial vive ya en países donde hay más muertos por comer de más que por comer de menos. Los últimos datos de la OMS indican que 800 millones de personas pasan hambre, frente a los 1.400 millones que tienen sobrepeso. Y estas malas dietas se relacionan con problemas cardiovasculares, diabetes, osteoartritis y algunos cánceres (mama, endometrio, colon). Además, el sobrepeso se relaciona con el 23% de las enfermedades cardiovasculares, el 44% de la diabetes, la osteoartritis y tumores de mama, endometrio y colon.

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Expertos como José López Miranda, del Centro de Investigación Biomédica en Red para la Obesidad y la Nutrición (Ciberobn), afirma que el problema de la obesidad “es mucho mayor que el del tabaco”. “Casi la mitad de la población de los países desarrollados tiene obesidad o sobrepeso y, mientras el tabaquismo está en descenso, los problemas asociados a una mala dieta van en aumento”, dice.

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La directora general de la OMS, Margaret Chan, abundó en esta situación ayer durante la inauguración de la Asamblea Mundial de la Salud. “Parte del mundo está literalmente comiendo hasta morir”, dijo. “No vemos ninguna prueba de que la prevalencia de la obesidad esté disminuyendo en ningún sitio. Los alimentos muy elaborados y las bebidas cargadas con azúcar son ubicuas, populares y baratas”.

Tampoco hay unanimidad sobre las medidas propuestas por Schutter. Por ejemplo, Dinamarca y Hungría plantearon en 2011 imponer una tasa sobre las grasas saturadas, pero los daneses la retiraron dos años más tarde. También Dinamarca, Noruega, Australia y Finlandia han planteado un impuesto sobre las bebidas azucaradas, lo mismo que Italia y Francia. En EE UU, el exalcalde de Nueva York Michael Bloomberg abanderó la prohibición de las bebidas supergrandes, pero no la sacó adelante.

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La patronal de la industria alimentaria española, FIAB, afirma que “no hay evidencia científica alguna de que los impuestos, y en especial los discriminatorios, sean la solución para resolver problemas complejos como los relacionados con las dietas y con estilos de vida”, y señala que, en España, la ingesta media de calorías ha bajado un 13% entre 1964 y 2012. Por eso insiste en que “no hay alimentos buenos o malos”, y que formas de vida como el sedentarismo son clave en la obesidad.

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En cambio, la idea de usar impuestos para desincentivar ciertos alimentos le parece “fantástica” a López Miranda. “Con los ácidos grasos trans sería lo más adecuado, porque el ser humano puede vivir sin ellos. Lo mismo sucede con los azúcares añadidos. Con la sal es distinto, porque, aunque está en la naturaleza, sí necesitamos cierto suplemento”.

Fuente que utilizo:  http://sociedad.elpais.com

 

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10 maneras de mejorar nuestra calidad de vida usando ‘big data’

El Panel de las Naciones Unidas sobre la Agenda Post-2015 concluyó que para poder alcanzar los Objetivos del Milenio necesitamos una “revolución de datos”. La importancia de los datos en la nube –o big data como lo llaman en inglés– abre numerosas oportunidades para el desarrollo y debemos aprovecharlas. Aquí van algunos ejemplos que ilustran cómo podemos beneficiarnos de esta “revolución de datos”.

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1. Entender procesos demográficos y migratorios

El rastreo de actividad de teléfonos celulares vía GPS puede ayudarnos a comprender patrones de migración y de formación de grupos sociales en ciudades. Gracias a la llamada “minería de datos” , el instituto SAS pudo identificar tendencias de desempleo en Estados Unidos e Irlanda con tres meses antes que los informes oficiales, y se dieron cuenta de que las conversaciones en medios sociales sobre la pérdida de propiedad privada tuvieron lugar dos meses antes que las de desempleo.

2. Identificar hábitos y problemas sociales

Algunas investigaciones demuestran que compartimos en Twitter y Facebook enfermedades que a veces no compartimos con los doctores. El análisis de información en los medios sociales puede ayudarnos a descubrir posibles enfermedades endémicas, así como comprender nuestros hábitos de salud como la práctica de ejercicio, o el consumo de droga o alcohol.

3. Mejorar los sistemas de alerta de desastres

El Servicio Geológico de Estados Unidos busca en Twitter los incrementos en el volumen de mensajes sobre terremotos y ha sido capaz de localizar terremotos con un 90% de exactitud. En otros casos, gracias al uso de sistemas de sensor robótico, la Iniciativa de Observatorios Oceanográficos monitorea la actividad oceánica y ofrece análisis en tiempo real para anticipar el riesgo de tsunamis.

4. Comprender tendencias económicas

Los investigadores del MIT desarrollaron un sistema que recoge datos diarios sobre precios de bienes vendidos o promocionados en la web y lo utiliza para estimar la inflación con alta precisión. Gracias a esto, se pueden identificar picos de inflación mucho más rápido que con métodos tradicionales.

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5. Detectar riesgo de pandemia en tiempo real

Google Flu Trends y Google Dengue Trends permiten monitorear las búsquedas en internet sobre síntomas típicos de la gripe y la malaria realizadas en lugares determinados. Gracias a ello, se puede detectar la posibilidad de brotes epidémicos en cualquier momento.

6. Descubrir cambios topográficos, patrones de tráfico y emisiones

Soluciones como “Ciudad Creativa Digital” serán la base de las llamadas “ciudades inteligentes”. Este proyecto instalará sensores electrónicos y digitales capaces de transferir datos en tiempo real sobre la actividad de cualquier ciudad permitiendo, por ejemplo, cambiar el tiempo de duración de las luces en los semáforos conforme la densidad del tráfico.

7. Entender el cambio climático

La organización “Life Under Your Feet” creó una herramienta para visualizar datos de satélites y sensores electrónicos sobre variaciones en los niveles de humedad, temperatura y presión del suelo, que pueden ser útiles para tomar decisiones en proyectos de agricultura e infraestructura.

8. Mejorar los servicios públicos

Ubidots es una plataforma Colombiana de “internet-de-las-cosas” que monitorea las condiciones de higiene de 25 hospitales en América Latina. Captura datos con sensores sobre actividades de los equipos y la tasa de ocupación en los hospitales que sirve para entender la situación a tiempo real de los hospitales.

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9. Organizar la ayuda humanitaria en tiempos de desastre

La Red Internacional de Mapeo de Crisis usa tecnologías geoespaciales, comunicadores portátiles y otras plataformas para mejorar la distribución de ayuda humanitaria y coordinar la respuesta ante catástrofes. La plataforma Ushahidi se utilizó durante el terremoto de Haiti para informar sobre la existencia de gente atrapada en edificios o en urgente necesidad de ayuda.

10. Mejorar la calidad de vida y fortalecer lazos comunitarios

CoCoRaHS es una red de voluntarios que miden y papean precipitaciones pluviales. Con la información recogida las comunidades locales pueden controlar las epidemias de mosquito, mejorar la planificación urbana, ajustar pólizas de seguro, e incluso la planificación de actividades recreativas al aire libre y educativas.

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Esos son sólo algunos ejemplos. ¿Cómo piensas que el uso de big data podría ayudar a mejorar la calidad de vida?

Texto en colaboración con Abierto al Publico, el blog de Open Knowledge del Banco Interamericano de Desarrollo.

Los ejemplos de este artículo fueron tomados principalmente del Reporte de Global Pulse “Big Data for Development: Challenges and Opportunities” (Naciones Unidas), y del libro “The Fourth Paradigm”.

La imagen que acompaña la noticia es de la NASA.

Norma Palomino es la Jefa de Servicios Bibliotecarios del Banco Interamericano de Desarrollo y profesora de filosofía de la Universidad de Morón, en Buenos Aires. Su tesis de doctorado se centra en el estudio de métricas de impacto e influencia en la diseminación de contenido via Twitter.

Fuente:  http://elpais.com